Ojos de forastero

El hombre, cubierta la cabeza con un sombrero de paja de ala ancha, limpiaba las piedras una a una con un pincel. Tenía la cara roja por el sol. A su lado una mujer tomaba medidas y apuntaba notas en un cuaderno. No había nadie más, ningún equipo visible, ni maquinaria. Un coche se calentaba, a pleno rayo de sol, aparcado en un descampado cercano. Me pareció una imagen surrealista. «¿Qué buscan?», me pregunté. «Se habrán insolado», contestó una voz divertida dentro de mi cabeza. Detuve el coche y bajé a preguntar, por curiosidad.

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