Una crónica de papel y píxels.- El despertar de la prensa del videojuego en España

Antes de que la información fuera un torrente inabarcable de bits, el conocimiento se palpaba, se olía y se guardaba en estanterías. «El gran quiosco de los videojuegos» de Javier Peinado, editado por Diábolo, no es solo un libro de historia sobre la prensa especializada de los videojuegos; es el mapa de un tesoro que ya no existe, el testimonio de una época en la que un grupo de pioneros tradujo nuestra pasión al papel y nos enseñó a soñar en 8 bits.

Hubo un tiempo, difícil de explicar a la generación del scroll infinito y el 5G, en el que la felicidad no era un enlace de descarga, sino un objeto físico que cabía en un estante de metal giratorio en la esquina de nuestra calle. En la España de los 80 y 90, el quiosco no era solo un punto de venta; era nuestra ventana a otros mundos. Allí, entre diarios de política gris, revistas del corazón y gominolas de peseta, latían unas portadas de colores imposibles que nos prometían aventuras de 8 y 16 bits.

Debemos recordar que, en aquellos años, las revistas eran nuestra única red social. No existía YouTube para ver un gameplay; solo teníamos capturas de pantalla a veces borrosas que analizábamos durante horas, imaginando cómo se movería aquel sprite en nuestro televisor de tubo. No había foros de soporte ni parches de día uno; existían las secciones de cartas al director donde alguien de Albacete preguntaba cómo saltar aquel foso imposible en el Abadía del Crimen. Eran tiempos de paciencia, de esperar treinta días para saber qué juego comprar y de rezar para que la cinta del cassette no se encasquillara. Aquel papel olía a tinta fresca y a futuro, un futuro que construimos entre todos, comprando sueños en el quiosco de barrio.

El gran quiosco de los videojuegos, un espejo de papel y nostalgia

Portada del libro El gran quiosco de los videojuegos de Javier Peinado.

Publicado por Diábolo Ediciones —casa experta en tratar la cultura pop con el mimo que merece—, El gran quiosco de los videojuegos es mucho más que un libro de historia: es una carta de amor de 320 páginas dirigida a una generación entera. La obra realiza un viaje emocional y exhaustivo por los 40 años de vida de la prensa especializada de los videojuegos en nuestro país.

Desde la mítica MicroHobby, que nos enseñó a programar en BASIC, hasta la Micromanía de formato «sábana» (aquella que se doblaba por las esquinas porque no cabía en ninguna estantería normal), el libro es un desfile de cabeceras legendarias. Pero lo que hace que esta obra destaque es su capacidad para evocar el ritual: el frío de la mañana yendo a por la revista, las monedas sudadas en la mano y la emoción de descubrir si aquel mes el suplemento traía una demo o un póster gigante.

La estética del recuerdo cobra vida a través de las reproducciones de las portadas, que suponen un auténtico puñetazo de nostalgia visual. Cada página ha sido cuidada con una calidad de impresión que hace justicia a los originales, permitiendo que el lector casi pueda sentir de nuevo el tacto de aquel papel satinado bajo sus dedos.

Más allá de lo visual, el libro rescata las voces del pasado otorgando protagonismo a los pioneros. Héroes sin capa como José Luis Sanz o Marcos García se asoman a estas páginas para revelar las anécdotas más locas de unas redacciones que, a menudo, eran poco más que cuartos improvisados llenos de humo, latas de refresco y ordenadores que echaban humo mientras intentaban cerrar el número antes del lunes.

Finalmente, la obra analiza con lucidez la evolución social de este fenómeno. Nos explica cómo la prensa especializada logró transformar un nicho de «bichos raros» que hablaban de marcianos en un motor cultural de masas. Aquellos textos no solo analizaban programas informáticos; estaban dictando, sin saberlo, las reglas de la nueva cultura del ocio en una España que despertaba al color.

El Autor: Javier Peinado, el arqueólogo de la ilusión

Javier Peinado, autor de El gran quiosco de los videojuegos.

Detrás de este monumento al papel se encuentra Javier Peinado, un periodista que no se ha limitado a documentar fechas, sino que ha actuado como un verdadero arqueólogo de la memoria colectiva. Con una trayectoria profundamente ligada a la cultura visual y al sector del videojuego, Peinado entiende que hablar de estas revistas no es hablar de chips o megabytes, sino de antropología sentimental.

Su trabajo de investigación es encomiable: ha buceado en archivos, ha contactado con las figuras clave y ha sabido destilar la esencia de lo que significaba ser un «jugador» antes de que el término gamer siquiera existiera. Peinado no escribe desde la distancia fría del historiador, sino desde el corazón del niño que alguna vez esperó con ansia que su padre le comprara la revista del mes. En su pluma, el lector encuentra un aliado que comparte esa melancolía sana por un tiempo en el que la información era escasa, pero el asombro era infinito.

El autor, a través de su nostálgico libro, nos recuerda que fuimos felices con muy poco, o quizás con mucho, porque teníamos el tiempo necesario para leer cada párrafo tres veces y soñar con mundos de píxel antes de irnos a dormir.

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