Saramago, el Embajador de Portugal sin embajada

Por estos días, el canciller argentino Felipe Solá, le reiteró al Embajador portugués destacado en Buenos Aires, José Ludovice, la invitación realizada en mayo por parte del Primer Mandatario Alberto Fernández, para que el Presidente de Portugal Marcelo Rebelo de Sousa y su Primer Ministro Antonio Costa visiten Argentina con motivo de cumplirse los 200 años en que el país luso se convirtiera en ser el primero en reconocer nuestra Independencia.

Por el mismo motivo, el pasado 28 de julio en el Convento de Santo Domingo de la Ciudad de Buenos Aires fue realizado un homenaje, ya que allí descansan los restos del primer diplomático portugués con destino en Buenos Aires João Manuel de Figueiredo que en 1821 presentaba sus cartas credenciales ante Bernardino Rivadavia, primer jefe de Estado de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Durante el homenaje, el Prior de la Basílica Nuestra Señora del Rosario Jorge Scampini, pronuncia la palabra “memoria” en reiteradas oportunidades durante su alocución. También en ese atrio se habló profusamente sobre las fructíferas relaciones “amistosas y de solidaridad” entre ambos países a lo largo de los 200 años de historia. Sin ánimo de empañar las celebraciones, creo oportuno agregar que durante este período no todo fue un jardín de rosas, y en honor al discurso del prelado es que quiero recordar hechos más recientes que tuvieron como protagonistas a familias portuguesas que sufrieron todo tipo de vejaciones en nuestra Patria, sin que nunca nadie les explique los motivos de tales padecimientos.

Simultáneamente a la efeméride que aquí recuerdo, Portugal se prepara para conmemorar el centenario de su primer Premio Nobel de Literatura: José Saramago, quien tantas veces visitó la Argentina y que contribuyó a afianzar los lazos culturales y sociales entre ambos países. Prueba de los sentimientos que nos unen es que recientemente la Fundación Saramago, que preside su esposa Pilar del Río, designó al escritor argentino y ex Director de nuestra Biblioteca Nacional Alberto Manguel para coordinar cinco conferencias que se desarrollarán en Lisboa durante el año 2022. 

Aquí voy a citar apenas dos episodios que considero relevantes y conmovedores vinculados a nuestra historia más próxima, pero también más trágica.

En el año 2004 durante el Tercer Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Rosario, José Saramago elige para rendirle tributo al escritor argentino Ernesto Sábato, quien llevó adelante la enorme tarea de presidir la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas durante el advenimiento de la Democracia y cuya misión fue tomar testimonio de la innumerable cantidad de delitos cometidos durante el “Proceso de Reorganización Nacional” que culmina en el informe “Nunca Más” presentado oficialmente el  20 de septiembre de 1984.

Tres años más tarde y con su salud visiblemente deteriorada, José Saramago y Pilar del Río concurren a la inauguración del Parque de la Memoria en la Costanera Norte de Buenos Aires en noviembre de 2007, en lo que sería su última visita a la Argentina.

Saramago recorrió en silla de ruedas esos interminables pasillos rodeado de muros con vistas al Río de la Plata en los cuales se encuentran inscriptos miles de nombres que encierran múltiples historias de personas que fueron víctimas de la violencia política y el Terrorismo de Estado en Argentina.

“La humanidad no puede olvidar estos crímenes” dijo Saramago aquella mañana al detenerse especialmente en la placa de Marcelo Ariel Gelman asesinado por la Dictadura Militar el 14 de septiembre de 1976. Marcelo era hijo del poeta uruguayo Juan Gelman, con quién Saramago mantuvo una fluida relación de amistad.

Según la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del 24 de febrero de 2010, el secuestro y posterior asesinato de Gelman en la Argentina estuvo enmarcado en lo que se denominó el “Plan Cóndor”, una alianza entre las dictaduras de Latinoamérica para exterminar a los opositores políticos que oportunamente retrató el fotógrafo lisboeta João Pina y cuya exposición fue realizada en el Parque de la Memoria en diciembre de 2015, curiosamente auspiciada, entre otros, por la Embajada de Portugal y el Instituto Camões de Lengua portuguesa.

Enterado de la visita a nuestro país del Presidente portugués Cavaco Silva, con motivo de celebrarse la Cumbre Iberoamericana en diciembre de 2010, escribí al Ministerio de Relaciones Extranjeras (el equivalente a nuestra Cancillería). Allí expuse la misma problemática que amplío en este artículo, sin obtener más respuesta que el silencio. Recién unos años después comprendí la indiferencia hacia mi reclamo. Cavaco Silva prefirió irse de vacaciones antes que participar de los funerales del Premio Nobel portugués y seis años después condecoró a su ex secretario de cultura, famoso por ser el censor de José Saramago.

A partir de un trabajo de investigación que vengo realizando, no sin pocos obstáculos, hace ya algunos años titulado “De esto no se habla” (Disto nao se fala), que oportunamente presentaré ante la opinión pública, fui descubriendo que en esos mismos muros que alguna vez recorrió Saramago figuran compatriotas de origen portugués que corrieron la misma mala suerte que tantos otros argentinos y ciudadanos de otras nacionalidades.

Saramago y su recorrido por el dolor

Solo para dar algunos ejemplos, adelanto aquí algunos de los casos que pude reconstruir gracias al apoyo del Ministerio de Justicia de la Nación y Organismos de Derechos Humanos de Argentina.

  • Unos meses antes del golpe de estado, el 22 de octubre de 1975 el diario “El Sol” denuncia la desaparición de una joven periodista y estudiante de la Facultad de Humanidades de La Plata. Ana María tenía 22 años de edad, era hija de algarvíos de Estoi y Almancil respectivamente. Dos días más tarde, el mismo periódico publica: “hallaron asesinada a la joven desaparecida”. Tuvo que ser velada en la sede de los Bomberos Voluntarios de San Francisco Solano ante la negativa de las empresas fúnebres de la zona que sentían miedo las represalias, tiempo más tarde se supo que los sicarios pertenecían a la organización parapolicial “Alianza Anticomunista Argentina” a la que la justicia de nuestro país le adjudica cientos de amenazas, intimidaciones de todo tipo, atentados y asesinatos a plena luz del día y con la más absoluta de las impunidades. Apenas un año después, en septiembre de 1976, un grupo armado secuestra a José (hermano de Ana María), quien primero es llevado a una comisaría de La Plata y posteriormente a un Centro Clandestino de Detención en el que estuvo preso durante tres años a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Gracias a las gestiones y esfuerzos de su madre portuguesa pudo sobrevivir para luego transitar hacia el exilio como tantos otros perseguidos. Transcurridos 45 años del golpe militar, según un informe del Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, el caso de Ana María se suma a los 228 casos de periodistas, trabajadores de prensa y obreros gráficos, incluidos cinco estudiantes de comunicación.
  • El 16 de octubre de 1913 nace Francisco en Coimbra. Tiempo más tarde, y como tantos otros miles de portugueses, emigra a la Argentina que ofrecía al mundo un futuro promisorio. El 17 de noviembre de 1976, como todos los días, bajó la persiana de su comercio ubicado en plena  Avenida 9 de Julio de la Ciudad de Buenos Aires para ir a cenar con su familia que lo esperaba como era costumbre en su casa ubicada a 150 metros de un Centro Clandestino de Detención de la Fuerza Aérea Argentina y a tres cuadras del Departamento Central de Policía; al llegar al garaje de  Combate de los Pozos y la Avenida Independencia del barrio de San Cristóbal, es secuestrado en plena vía pública ante testigos circunstanciales. Tenía 64 años y su cuerpo nunca apareció. Recientemente, el Equipo Argentino de Antropología Forense lanzó una convocatoria a familiares de víctimas de la última dictadura militar para que se realicen los análisis de sangre correspondientes ya que existen cotejados los ADN de 600 personas que fueron enterrados como NN y que aún no fueron identificados.
  • Antonio era un trabajador de la construcción y vivía en la calle Villate de la localidad de Olivos en la Provincia de Buenos Aires. El 16 de abril de 1976 fue secuestrado de su domicilio junto a algunos de sus familiares, entre los cuales estaba su padre, quien más tarde fueron liberados después de sufrir tormentos e interrogatorios. Según el testimonio de otros secuestrados, se pudo saber que Antonio fue visto en el centro clandestino de detención que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada, su nombre integra la lista de los “desaparecidos” tristemente famosos en el mundo. El caso fue denunciado ante la Organización de los Estados Americanos. Algunas estimaciones indican que por la ESMA pasaron más de 5000 detenidos y que muchos de ellos fueron arrojados desde aviones de la Armada al Río de la Plata, según lo confesado por el ex capitán de corbeta Adolfo Scilingo. Actualmente en esas instalaciones militares funciona desde el año 2004 uno de los espacios para la memoria más emblemáticos del Terorismo de Estado en Argentina.
  • Moncarapacho es una pequeña localidad de Algarve en el Sur de Portugal. Desde allí llegaron el 8 de diciembre de 1951 los hermanos Mario y Osvaldo. El 16 de julio de 1980, según la versión de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Mario se desvanece y muere en la vía pública producto de un “paro cardiorrespiratorio”. Cuatro años después, el presidente democrático Raúl Alfonsín, crea la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas y llega una carta firmada por Osvaldo al despacho presidencial el 27 de febrero de 1984 y  al domicilio particular en Santos Lugares del escritor y presidente de la CONADEP Ernesto Sabato; allí el hermano de Mario comienza confesando  que: “tuvo miedo por su familia en haber hablado durante la Dictadura Militar” y denuncia una serie de hechos irregulares gravísimos propios de la época sobre la muerte de su hermano. La misiva desmiente la explicación oficial. La empresa en la que Mario era obrero registra hasta el día de hoy más de 42 empleados que fueron víctimas de la represión ilegal estatal, según un pormenorizado estudio que vienen realizando investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
  • Arturo nació el 7 de noviembre de 1948 en Grandola. A los 13 años vino a la Argentina el 18 de agosto de 1961 en el barco Corrientes para reencontrarse con parte de su familia. Una tarde de mayo de 1976 corre presuroso al hospital después de recibir un llamado en el que le transmiten que su bebé de apenas tres meses de vida estaba grave de salud. Al salir de la maternidad “Casa Cuna,” en el Barrio de Constitución, lo esperaba un grupo de tareas, el llamado alertando sobre la salud de su hija había sido una trampa, entre golpes y amenazas es secuestrado, su primer martirio lo padece en donde funciona el Shopping “Galerías Pacífico” desde el 18 de mayo de 1992, ubicado en la Avenida Córdoba y Florida en pleno centro de la Capital Federal, pero que durante la dictadura eran instalaciones de la Superintendencia de Seguridad Ferroviaria de la Policía Federal Argentina. A los cinco días es trasladado a los cuarteles del ejército en Campo de Mayo donde continuaron con interminables interrogatorios y crueles sesiones de tortura. Gracias a la oportuna intervención de sus amigos portugueses, a fines de agosto de 1976 es abandonado en la Plaza Portugal del Barrio de Belgrano y deportado a su país natal donde actualmente desarrolla sus actividades como director de fotografía en “Santo Antonio dos Cavalheiros” un tradicional barrio en las afueras de Lisboa. Arturo es uno de los tantos sobrevivientes y denunciantes en la Mega causa del centro clandestino de detención, que operaba en Campo de Mayo. Por los delitos cometidos de lesa humanidad, de acuerdo a la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, durante el período de 1976 a 1983, allí se cometieron 46 asesinatos de los cuales 14 eran mujeres embarazadas; de los niños nacidos en cautiverio, cinco de ellos ya fueron restituidos por la justicia a sus familias naturales, pero aún siguen buscando al resto que hoy ya son adultos.

Basta un simple recorrido por el Parque de la Memoria para advertir allí los apellidos de origen portugués, tallados en las placas de pórfido patagónico, sobre las cuatro estelas de hormigón que fueron inauguradas por Saramago en el año 2007 junto a las más altas autoridades del Gobierno argentino y diplomáticos extranjeros. Se convertía José Saramago, sin saberlo, en ser la única personalidad portuguesa hasta nuestros días en rendir tributo a los muertos sin delito por lo que se los acuse y sin un abogado que los defienda en un juicio justo. El Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado ocupa 14 hectáreas y ha sido visitado por Jefes de Estado y otros funcionarios de los más diversos países. Para hacer mención solo a algunos recuerdo a Francois Hollande y Emmanuel Macron de Francia, Angela Merkel de Alemania, Eberhard van der Laan de Amsterdam, Mariano Rajoy de España, Margarita II de Dinamarca,Barack Obama de los Estados Unidos,el Rey Harald V y la Reina Sonja de Noruega, Sergio Mattarella de Italia , entre tantos otros que vinieron a rendir homenaje a sus compatriotas sacrificados en Argentina, participando de la simple ceremonia que consiste en arrojar un ramo de flores al simbólico Rio de la Plata al que tantos cuerpos con vida y anestesiados fueron arrojados desde aviones de las Fuerzas Armadas. 

La impunidad agrava el sufrimiento y la angustia. En virtud del derecho internacional de los derechos humanos, las familias y las sociedades tienen derecho a conocer la verdad sobre lo ocurrido. Hago un llamamiento a los Estados Miembros a asumir esta responsabilidad” 

Secretario General de las Naciones Unidas

A pesar de que el portugués Antonio Guterres fue recientemente reelecto como Secretario General y máximo responsable de las Naciones Unidas que en reiteradas ocasiones ha condenado la desaparición forzada de personas perpetrada en Argentina, Portugal oficialmente por ahora sigue ausente y en deuda con la memoria de sus conciudadanos que sufrieron todas las arbitrariedades y mutilaciones de un país sin ley durante la Dictadura Militar en Argentina. Quizás el actual Gobierno lusitano no lo sabe a pesar de haber sido advertido en diversas oportunidades de lo que ocurría en Argentina. Tal vez nadie se ocupó de investigar desde el Estado el tema hasta nuestros días, a lo mejor la historia por ser contemporánea sencillamente no les interesa…

Durante la visita del Primer Ministro Antonio Costa a la Argentina en Junio de 2017 volví a poner en conocimiento de las autoridades portuguesas el tema aquí planteado, otra vez la diplomacia lusitana prefirió el silencio, el “ninguneo” como solemos decir en Buenos Aires los porteños cuando alguien aparenta que no lee, cuando el Estado hace que no escucha, cuando el Gobierno simula que no ve.

Dios quiera que en el próximo encuentro que según un propio comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores se encuentra preparando el Gobierno argentino a través de su canciller Felipe Solá junto a los funcionarios portugueses, sigan el ejemplo del Embajador sin Embajada: José Saramago.

Un comentario sobre “Saramago, el Embajador de Portugal sin embajada

  1. Aqui en Escobar hubo un famoso caso en el que el abuelo portuguès busco a su nieto hasta el dìa de su muerte,lo que resulta increible es la indiferencia del gobierno de Portugal frente al genocidio argentino,

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