El viaje del héroe

La originalidad es un recurso que suele cotizarse muy alto en distintos ámbitos. Se llega incluso a veces a confundir conceptos como creatividad o talento con el de la originalidad. Centrándonos en el arte del entretenimiento o en la cultura, si algo tiene que llamarnos la atención, debe ser original; si algo tiene que mantener nuestro interés y no perderlo fácilmente, debe ser original; si queremos evitar el aburrimiento, hay que recurrir a lo original.

Un ejemplo simple pero claro. Un profesor nos dijo en clase una vez que si queríamos ser originales, nos subiéramos en ese momento encima de una silla en medio de clase, nos tocáramos una oreja con la mano derecha e hiciéramos una reverencia. Dijo lo primero que se le vino a la cabeza. ¿Original? Puede ser ¿Memorable? Ni lo más mínimo.

¿Debemos realmente centrar todos nuestros esfuerzos en ser originales? En esa búsqueda en la que intentamos pensar lo que nadie ha pensado o que se nos ocurra la idea a quien nadie se le ha ocurrido, es posible que esté la clave del éxito. No obstante, el éxito también puede alcanzarse repitiendo, incluso copiando, lo que otros ya han hecho. Eso sí, hay que saber cómo hacerlo.

El cine y la literatura llevan mucho tiempo contándonos las mismas historias. No hay que cambiarlas, funcionan perfectamente, pero sí adaptarlas a cada contexto y a cada público. Los cineastas contemporáneos saben muy bien dónde bucear para encontrar la inspiración de sus películas. Hacen lo mismo que hizo Shakespeare en su momento, recurrir a fuentes de diferentes tipo, coger de ellas lo que más interesa y aglutinar todo en una única y genial historia. No todos tienen la misma suerte y pueden caer en la mera copia del talento de otros (véase Almodóvar imitando descaradamente las películas de Douglas Sirk), pero los más talentosos saben ir más allá y son capaces, por ejemplo, de convertir La Odisea en el viaje de tres prófugos a través de la América profunda como hicieron los hermanos Coen en O Brother.

El canto de sirena que embelesa a los tres hombres es el mismo que intenta embelesar a Ulises y llevar su barco al naufragio.

Precisamente en Grecia y los clásicos está el origen del argumento madre de todos los argumentos: el viaje mítico del héroe. Esa historia tiene como protagonista principal al héroe épico, que debe llevar a cabo una tarea de muy difícil cumplimiento y que en su viaje se cruzará con todo tipo de obstáculos. El viaje de Eneas o el de Ulises fueron los cimientos de la estructura argumental más antigua. Las grandes epopeyas clásicas fueron a su vez las fuentes para los los posteriores grandes poemas épicos europeos como Beowulf en Inglaterra o El cantar del Mío Cid en España.

La historia siempre es igual: un héroe, un enemigo, un viaje, la recuperación de lo perdido, el regreso. Y como hemos visto con el ejemplo de O Brother, no hace falta investigar en los siglos más lejanos. El viaje del héroe también está presente, y de qué forma, en la mayoría del género del western americano. El director John Ford personificó en John Wayne otro tipo de Ulises del siglo XX, a caballo y con espuelas, en La diligencia o Centauros del desierto. En esta última, el protagonista vuelve a casa, los indios le atacan y secuestran a su sobrina. En ese momento él se erige en el héroe que debe recuperarla y devolverla a su hogar. La película empieza y termina con la vuelta del héroe y la recuperación de lo perdido. ¿Os suena de algo?

Beatrix Kiddo recorre medio mundo con un objetivo muy claro que además es el título de la película: matar a Bill. Frodo y la compañía del héroe viajan a través de la Tierra Media para destruir el anillo. Luke Skywalker atraviesa la galaxia a la velocidad de luz para luchar contra su mayor enemigo, y a la vez, contra sus propios miedos y debilidades. Precisamente, La guerra de las galaxias es uno de los mejores ejemplos del viaje mítico del héroe pero también uno de los que tienen el fallo más grave. No hay un héroe, sino dos y bien diferenciados. No podemos olvidarnos de Han Solo que además, incestos aparte, es quien se queda con la amada.

Hay muchos ejemplos y en cualquier tipo de literatura o género cinematográfico. Podéis preguntaros cómo es posible que lleven siglos y siglos contándonos la misma historia y que no nos hayamos aburrido aún. Y simplemente es porque este viaje es una parábola del camino que todos los seres humanos recorremos en nuestra vida. El ciclo del héroe no es otro que el ciclo vital del individuo. Aunque en nuestro caso, la historia no siempre se repite.

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