Decisiones y una taza de café

Sábado, 10 de la mañana. No suena el despertador. El alzarse o quedarse en la cama depende de una decisión. En este caso, la inacción sería una elección. Ante la duda, me levanto.

Llegando a la cocina estoy pensando en la frecuencia de la emisora de radio en la que ponen el programa que escucho todos los sábados y domingos por la mañana. La rutina es la suma de decisiones tomadas con anterioridad que se han ido acumulando y aceptando como opciones favorables: una manera de no decidir.

Saco del armario la cafetera pequeña y el café. Abro la bolsa. Está vacía. Todavía voy en pijama pero no vacilo en ponerme los zapatos y la chaqueta para bajar al colmado en busca de café. Las acciones a menudo se realizan a modo de corrección, no por decisión explícita.

Le pregunto al señor Juan si queda más café natural, del que no es mezcla, puesto que la estantería que ocupa habitualmente está vacía.

– Se terminó la semana pasada y todavía no lo han repuesto -confirma el señor Juan-.
– Vaya. ¿Qué otra marca me recomienda?
– ¡Cualquiera puede ser buena!
– No sé. Me gustaría encontrar el que más se asemeje al que consumo habitualmente.
– Pero probando uno distinto podría encontrar una marca que le gustara más.
– Ya… u otra con sabor a rayos.
– En ese caso, ya habrá aprendido algo nuevo.

Sin más dilación, después de recibir un proverbio de sabiduría del tendero de mi barrio, compro una bolsa de color parecido a la que tengo en casa y me pongo en dirección a retomar la agradable rutina de cada mañana del fin de semana. Escoger la única opción disponible es una decisión que amplía o descarta opciones futuras de elección.

Ya entrando en el portal, me encuentro al vecino del entresuelo.

– Bonitos pantalones -me dice-.
– Gracias… supongo. Aunque no están hechos para ver la luz del Sol.
– Estaba siendo irónico. Nuestra relación se basa en hablar del tiempo y poco más, pero me gustaría que al menos su vestimenta no desluciera la vecindad.
– Disculpe, pero simplemente he bajado a por un poco de café al colmado.
– ¿Y ese es el traje oficial? Me gustaría ver si el conjunto de ir a buscar el azúcar combina adecuadamente.
– Jajaja -me río para encarar la broma sin confusión-.
– ¿Qué le hace tanta gracia?

La reacción de otros a nuestras decisiones no son siempre las deseadas. Y con los ojos bien abiertos y sin pestañear, me decido a subir las escaleras sin mediar despedida. Entro en casa y me preparo un café. Justo empieza la sección del programa que más me gusta.

El futuro se construye a partir de los pequeños actos del presente. Si desmerecemos cualquier decisión, cualquier acción, nuestro futuro tenderá al caos.

Por cierto, el nuevo café, está delicioso.

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