Dos visiones de cine español sobre la Guerra Civil

Hace 80 años España se dividió en dos. Esta es la particular visión de “Soldados de Salamina” (David Trueba, 2002) y “¡Ay, Carmela!” (Carlos Saura, 1990), dos películas diferentes sobre el conflicto que empobreció (más todavía) el país y que nos condenó a 40 años de dictadura.

Soldados de Salamina y la importancia de contar la historia

Soldados de Salamina
En una escena de los primeros minutos de Soldados de Salamina a la protagonista, Lola Cercas, interpretada con una inspirada sencillez y naturalidad por (quién lo diría) Ariadna Gil, le encargan escribir un artículo sobre la Guerra Civil. «Otra vez la Guerra Civil» dice el personaje.

Extendida y arraigada la idea de que el cine español acude constantemente a la Guerra Civil española como fuente de inspiración e historias, es casi obligatorio desmontar el mito con algún argumento de peso. No es que el tema de la contienda española esté más que trillado y se haya convertido en repetitivo, quizás el problema radique en que casi todas las piezas que hablen de este importante episodio de la historia de España pequen de un cierto maniqueísmo progre que pone al frente nacional como los malos y a los republicanos como buenos y héroes.

Es ese mismo tema del héroe el que David Trueba difumina y desglosa con la maestría de la estructura narrativa de la película. Al contrario de lo que pasa en El hombre que mató a Liberty Valance, en la que la supuesta ganadora entre la leyenda y la realidad acaba siendo la leyenda, en Soldados de Salamina la importancia del qué y de la historia queda relegada por el cómo y la importancia de contarla. No es una épica grandilocuente de vencedores y vencidos, sino que indaga los acontecimientos, mezclando hechos reales y ficción, para mostrarnos lo difuso que es hablar de héroes de guerra al uso, buenos, valientes y redentores, y no hacerlo de los héroes anónimos milicianos que salvan vidas por decisiones repentinas, de los héroes humildes, de los héroes de cada día que intentan conocer la verdad y el porqué de lo que pasó en paralelo a descubrirse a sí mismos.

La protagonista se topa con la historia, viene a ella, al igual que en la novela, y va descubriéndola e investigándola poco a poco, en una analogía a la búsqueda de lo que realmente quiere contar a través de esa historia y de lo que realmente quiere hacer ella en su futuro como escritora, periodista, e incluso en el futuro de su vida. La necesidad de escribir y de descubrir de Lola Cercas es mayor a la necesidad de descubrir la finalidad por la que lo hace. Otra vez la batalla entre el qué versus el cómo, el qué frente al por qué. El objetivo es encontrarle el propio sentido a la historia a medida que se va descubriendo.

La película no quiere hablar de buenos y malos, sino que la dicotomía entre el bando nacional y el frente republicano se afronta desde una perspectiva más amplia. Es una historia de personas en busca de su identidad. Recordando a Manuel Machado, hermano de Antonio (cuyo exilio y posterior muerte en Colliure se relatan en la película), el mundo se debatía entonces entre el fascismo y el comunismo y ambos son igualmente detestables, porque son enemigos de la individualidad. No son los soldados quienes salvan la civilización, sino las personas.

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Ni una, ni dos, sino tres Españas; ¡Ay, Carmela!

¡Ay, Carmela!
Las dos actuaciones del grupo de artistas que forman Carmela y Paulino junto con Gustavete en las ruinas de un país que se despedaza y divide se ofrecen a públicos diferentes, pero son bastante definitorias de lo que fue, es y sigue siendo España.

Primero vemos la España folclórica, casi rancia, pero alegre y apasionada, que canta Mi jaca o Suspiros de España. Después, el folclore castizo se mezcla con ese halo payaso y ramplón, que hace chistes de gases o escenifica vulgares conversaciones ficticias matrimoniales casi propias de José Luis Moreno. Por último, esa España intelectual que parece que no existe, pero que es capaz de citar a Antonio Machado o Federico de Urrutia pero que queda enterrada bajo las dos anteriores, pesos pesados, probablemente ni mejores ni peores, pero que nos cuesta asumir. Esas son las tres Españas que representan Carmela y Paulino, varietés a lo fino. Y todavía no hemos hablado de bandos.

El argumento de la película de Carlos Saura, adaptación de la obra de teatro de José Sanchis Finisterra, recuerda también a Ser o no ser de Lubitsch. Mientras que en esta última, los propios artistas son los artífices y participan activamente en la gran estratagema contra Hitler, en ¡Ay, Carmela! se habla más sobre las personas que se encontraron en medio de esa lucha casi sin quererlo y a la que asistieron como testigos impotentes, sabiendo que como bien dice Carmela, el que tiene el pan y las judías es el que va a ganar.

Pese a la cercanía de los tres artistas al frente republicano y su empatía hacia los soldados del mismo; o hacia los polacos; o hacia los alcaldes comunistas que no les gustan que les llamen comunistas; o hacia las madres que sufren por desconocer el paradero de sus hijos; pese a que se sienten más de un lado que de otro, ellos son gente de teatro y su vida es la actuación. Intentan que un polaco sepa pronunciar nuestra “ñ”. La de España. Intentan que un italiano aprenda a beber vino con un porrón. Nuestro invento. Intentan sobrevivir en la España pobre de 1938 y dividida por la guerra, pero esa no era su lucha.

La diferencia de las dos actuaciones de la película está en el color. Una es roja, pero no del rojo republicano, sino del rojo de la sangre. Entre todas las Españas, la del folclore, la roja, la nacional, la payasa, la machadiana, solo hay una que sangra. Y esa es la de todos.

¡Ay, Carmela!

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2 comentarios en “Dos visiones de cine español sobre la Guerra Civil

    1. ¡Hola Anabel! Muchas gracias por leerla, me alegra que te haya gustado. Lo de Ariadna Gil estuve entre ponerlo y no ponerlo, porque es demasiado subjetivo quizá. Sí que es verdad que en esta película lo hacía bastante bien, muy natural. Un saludo y gracias de nuevo :D

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