El más bello bólido-protesta

Mirar una obra de arte se convierte a veces en un acto de dimensiones astrológicas.
Ocurre en particular, cuando la carga emocional que el artista pone en su ejecución, es tal que a simple y primera vista, el espectador puede apreciar cómo se dirime esa distancia que lo separa del cuadro. Suceso que concluye al estallar en su interior cual meteoro, en pedazos significantes, derivas de un sueño, una emoción o una protesta.

En esta última intención, es en la que se encuadra la exposición La protesta que presenta Menuda Galería (Castellón), a partir del 9 de julio, nutrida de los fondos de la colección MARTE. En esta, se retoma y revisa la representación de la moción pulsional que emerge del artista, y cuyos inicios en la escena española se encuentran a principios de los años 60, tal y como se narra a continuación.

Del 12 al 25 de marzo de 1960, tuvo lugar en la Sala de Exposiciones del Ateneo Mercantil de Valencia, la primera y última exposición colectiva de Arte Normativo Español, organizada por el grupo valenciano Parpalló, y a la que acudieron, entre otros, Equipo 57, que practicaban por entonces la abstracción geométrica. Este término, “normativismo”, fue acuñado por el crítico Vicente Aguilera Cerni, en referencia a la responsabilidad social del arte y a la sensibilidad colectiva. Además de tal exposición, el experimentalismo del “arte normativo”, estuvo apoyado por un fuerte programa ideológico construido principalmente por críticos de arte como Antonio Giménez Pericás, José María Moreno Galván y con mayor implicación y entusiasmo el ya citado Vicente Aguilera Cerni.

Tras la exposición mencionada, el movimiento no fraguó, sino que pasó casi desapercibido en el panorama nacional e internacional. A pesar de lo fugaz de este experimentalismo, su principal aportación no estuvo en la práctica artística sino en la teórica, que hablaba de la necesidad de un arte con función social y con capacidad de transformar la vida, que no se podía obviar de la forma en la que los informalistas lo hacían. Le dieron tintes de compromiso colectivo, responsabilidad ética y rigor racional al arte español pues “normativizar” era negarse a lo vacío y a lo confuso para agruparse en torno a la norma, la cual persigue la razón, el análisis y el pensamiento humano. Comenzó así un debate intenso en torno a la necesidad de replantearse las relaciones entre arte y sociedad, del que se publicaron numerosos artículos en revistas de arte de la época como Acento Cultural, Pensamiento, Claustro o Cuadernos de Arte, que dejaron testimonio de lo difícil que sería a partir de entonces, trazar una línea divisoria entre arte, política y sociedad.

Arturo-Comas

De esta manera empezaron los años 60 en España, con los artistas reviviendo a ritmo frenético el desarrollo histórico del arte moderno al son de dos posicionamientos estéticos: el informalismo abstracto y la abstracción geométrica de Parpalló y Equipo57, cuyas teorías y artistas pronto derivaron en el realismo crítico de Equipo Crónica (1964) y Equipo Realidad (1966), pero más evidente e incisivo, en los colectivos de grabadores que bajo el nombre de Estampa Popular se asociaron en distintos puntos del país a principios de los sesenta bajo la siguiente campaña:

“El ancho meridiano de nuestro suelo, desde las adustas y solemnes llanuras castellanas, desde las sierras andaluzas y extremeñas y desde las suaves costas levantinas mordidas por el blando azul mediterráneo hasta la brava orilla cantábrica, está ya recorrido por hombres que abandonaron hace tiempo el folklore y la zampoña lírica para asomar su duro pelaje humano a la realidad”

Poco después serían los Crónica y los Realidad, los que seguirían el impulso crítico, declarando estos últimos que:

“Desde el momento en que un periodo histórico es determinado por factores de tipo económico, cultural, político y social; desde que el dato económico, cultural, político y social se encuentra tan mezclado que todos sus factores son a la vez determinantes y determinados; desde el momento en que la obra de arte es un producto cultural que, como tal, debe responder a su momento histórico, nosotros pensamos que la obra de arte debe estar comprometida con el sentido de la perspectiva, del progreso moral del hombre, y luego ayudar al desarrollo del grupo social al cual ese hombre pertenece. (…) Tales son las razones que nos impulsan a una necesaria contestación en el arte”

Justificaciones ambas, de un arte contestatario y comprometido política, social y culturalmente que aún no siendo pionero en la historia del arte, sí lo fue, al menos de manera tan explícita, en el contexto español. Además, entre estas formaciones coincidentes en el tiempo, se pudo ver como el mensaje de protesta se vistió de diferentes técnicas artísticas y narrativas. Por un lado, Estampa Popular fue un amplio movimiento de grabadores asentados en varios núcleos de la geografía española, que hizo un uso heterogéneo de la técnica del grabado, habilidad con no pocos referentes reaccionarios. De estos, Aguilera Cerni diferenció entre “la actitud sarcástica” de los valencianos”, “el realismo más o menos expresionista” de los madrileños”, “el lirismo rebelde” de los andaluces o el “realismo épico” de los vascos.

Por otro lado, Equipo Crónica (Rafael Solbes, Manuel Valdés) y Equipo Realidad (Jorge Ballester y Juan Cardells), se relacionaron con la figuración pop crítica tomando como recursos a personajes de cómic, imágenes a todo color, elementos publicitarios de los medios de comunicación, del cartelismo y referencias de los artistas internacionales pioneros en este movimiento. Se distinguían entre ellos porque Equipo Crónica partía de una imagen pictórica ya realizada en la Historia del Arte y Equipo Realidad, de una fotografía que mostrara la realidad cotidiana difundida principalmente por los medios de comunicación. En cuanto a sus diferencias con el Pop internacional, se hallan en que lo artificial no era el objeto a representar sino su participación en la obra, el juego con las imágenes que en su mayoría estaban llenas de tensión y carga política, pues las condiciones españolas eran distintas a las democracias que iniciaron este movimiento.

Así pues, en el guión temporal posterior, estos estilos iniciales se han ido multiplicando en dispares formas artísticas rumbo a la fotografía y el juego con la misma o a cualquiera de las manifestaciones ilimitadas que conlleva el arte de acción entre otras. Pero además de los diversos usos para narrar un “estar en contra de”, también se han dado a posteriori diferentes grados en lo obvio de la crítica. Así es, como la protesta en el arte ha ido evolucionando y manifestándose en la forma en la que el artista ha considerado oportuno, desdibujando al paso de las décadas, las disputas iniciadas en los 70 en torno al compromiso político explícito o ecléctico de los artistas españoles. Un ejemplo cercano a los anteriores, se encuentra en las declaraciones del artista polifacético Herminio Molero, miembro del grupo Los Esquizos y por tanto de la Nueva Figuración Madrileña, quien de su actitud artística en los primeros 70 dijo:

“No éramos combatientes al uso de pasearnos con bandera roja por la Gran Vía y eso les desconcertaba. Realmente nuestra forma de lucha consistía en ignorar que existía una dictadura. Para nosotros ya estaba muerta y como tal nos comportábamos. (…) A los burdos engranajes de la dictadura se les escapaba un tipo de subversión tan sutil como la nuestra”

Sutil o no, se hace evidente en una sociedad cada vez más globalizada, que la obra o el proceso de todo artista libre conlleva el reflejo implícito de su latido humano, la visualización de una forma de querer estar en el mundo, de evidenciar una dolencia interior, así como su solidaridad o su responsabilidad moral con otros. Y es en este sentido, en el que el arte y su capacidad de llegar a muchos y muy adentro, se puede considerar como el mejor y más bello bólido-protesta.

Así pues, tal y como avanza el principio de este texto, la Menuda Galería mostrará a través de La Protesta, la obra de artistas cuyos principales rasgos siguen siendo destellos de un lamento: Abel Azcona con Exp.09812 (2015), protesta contra el abuso de menores, obra que se complementa con un microrrelato de Joan Feliu; Laura León con La doble velocidad del Dragón (2011), protesta contra las condiciones en las que viven aquellos que migran para ser requeridos como mano de obra; Abel Robino con Retratos de Golondrina (2013), protesta contra la emigración temporal de los temporeros, de modo que no se produce integración ni arraigo; Rodrigo Rodrich con Selva Baja (2013), protesta contra la destrucción del ecosistema y las culturas indígenas; Vicente Prades Mateu con La Memòria Inocent (2016), protesta contra la contaminación medioambiental; Matías Sánchez con Famoso después de muerto (2014), protesta contra las dificultades que tienen los artistas para vivir del arte; Arturo Comas con Todos vamos a morir (2014), protesta contra los convencionalismos sociales; Fernando Roldán con S.T (2015), protesta contra el uso de la violencia física; y Claudia de Vilafamés con Desesperança (2016), protesta contra las estructuras económicas que actúan como verdugos que asfixian hasta la desesperación al pueblo.

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