Barcelona Concept Store

Existe un vínculo cercano entre consumismo y turismo. El turismo deviene un medio para vender muchas otras mercancías, desde souvenirs, la entrada a casas o edificios de valor artístico e histórico, los bares y restaurantes de comida local o cadenas internacionales, los tours y también las tiendas de ropa.

Como apuntan George Ritzer y Allan Liska, “el turista acepta la conversión del turismo en mercancía” y disfruta del consumismo en todas sus manifestaciones. Siempre intentando cumplir con los presupuestos de previsibilidad, calculabilidad (evitando el exceso) y eficiencia en la medida de lo posible dentro de su experiencia turística.

El turista lleva en si la contradicción en su propia razón de ser. Nace el turista con cada individuo que se encuentra movido por la necesidad de hacer un viaje, algo imprevisible, irracional, un viaje a lo “auténtico” de una cultura, pero intenta que todo encaje dentro de sus expectativas del viaje y de su cultura turística. Después esa contradicción le va provocando angustia durante el viaje; no quiere hacer lo mismo que otros turistas, no quiere dejarse llevar por la fiebre de consumo de productos turísticos. Su desconocimiento del lugar adonde viaja le hace presa fácil, pero no quiere dejarse engañar por experiencias ni itinerarios turísticos a donde van otros turistas en masa.

Recientemente ha despertado revuelo en las noticias de Barcelona los movimientos de un grupo antiturismo que hace pintadas en buses y muros. Lo curioso es que algún diario mostraba las fotos de los turistas tomando fotos de las frases pintadas.

Dalí aparece en Plaza Catalunya como vendedor de palos selfie. (Mabel Llevat)
Dalí en Plaza Catalunya como vendedor de palos selfie. (Mabel Llevat)

Por otro lado, la lucha del selfie se vuelve una obsesión del “estuve ahí” mientras que el turismo en su paroxismo mayor se debate ante el hecho de no ser deseado en el lugar de destino sin que eso le afecte. ¿Por qué algún lugar no querría turistas?

De ahí que se encuentren muchos posts en internet sobre cómo mejorar la experiencia turística o dónde encontrar tours más locales. Barcelona, como destino turístico reconvertido en gran “parque temático”, incluye también diferentes propuestas en las que convergen las experiencias gastronómicas, naturaleza, cultura y moda entre otras, orientada a compradores que tienen cada vez menos tolerancia hacia lo imprevisible.

Internacionalmente la experiencia de compra turística se valora en varios puntos:

  • Calidad – diversidad: la oportunidad de ejercer una calculabilidad del coste a través de la diversidad. La posibilidad de hacer compras de lujo con altos costes pero también second hand, productos baratos y outlets de bajo coste.
  • Barato y exótico: explotan la posibilidad de convertirse en destino barato y exótico, fácilmente estereotipable.
  • La venta informal: pero también marcas imitadas, lo que viene acompañado de los tips para regatear puesto que no hay un precio fijo u “oficial”. En Barcelona es ofrecido por vendedores “informales” y ambulantes que ofrecen el producto justo en las Ramblas, frente a La Pedrera o la Sagrada Familia y en algunas tiendas.
  • La posibilidad de obtener más por menos: obtener piezas únicas o con un toque especial por menos precio.

El ritual de comprar se vuelve cada vez más predecible y el itinerario más orientado hacia el turista empieza a diferir del itinerario enfocado en el comprador local: alrededores de Plaça Catalunya, Portal de l’Àngel, Carrer Pelai y Passeig de Gràcia.

Pero lo más interesante desde el punto de vista visual, es la carrera desenfrenada de turistas con sus bolsas de compra hacia atracciones turísticas. Sin tiempo para dejarlas en algún sitio, las llevan amontonadas en las manos como enarbolando trofeos de su inevitable condición turística. Y la ciudad yuxtapone los posters de moda a las atracciones turísticas y el turista se ve apresado, todo en la ciudad está orientado a aumentar su consumo hasta rozar lo irracional.

El itinerario en algunas zonas del casco antiguo, en el Born o en el Barrio de Gràcia cambia hacia modelos que rompen más lo convencional, estampados innovadores y una decoración original, como las que se pueden ver en tiendas del Carrer Avinyó en el Barrio Gótico que ofrecen un turismo de edición limitada, turismo vintage.

Barcelona se convierte así en una gran concept store que reúne diferentes ámbitos, niveles y disciplinas.

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