La isla de Leonard Cohen

En 1960, un joven Leonard Cohen compró una casa en Hydra, una pequeña isla griega del mar Egeo. Llegó como un escritor desconocido y diez años después la abandonó como un músico de leyenda. En Hydra realizó su primer concierto y conoció al amor de su vida. El documental ‘La isla de Leonard Cohen’ visita los lugares que frecuentaba y revive los años que cambiaron la vida del genial cantautor.

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Hay momentos en la vida en los que el rumbo que fijamos puede no ser el que imaginábamos. Nuestra idea preconcebida suele no coincidir con la realidad que nos rodea. Esto podría ser lo que le ocurrió a un joven Leonard Cohen que abandonó su Canadá natal para hacerse poeta y escritor en el Londres de mediados del siglo pasado.

Quizá por el clima, la falta de luz en invierno o una urbe que ya se estaba expandiendo a todos los niveles, Leonard Cohen decidió hacer un nuevo cambio en su vida. Una lluviosa tarde de abril de 1960 en la que le dolían las muelas, y después de pasar tres meses escribiendo en una triste pensión del East End londinense, Leo (tuteo al genio sin permiso) vislumbró un letrero del Banco de Grecia. Al entrar, le preguntó a un bronceado empleado sobre el clima de su país natal, que estaba en plena y jubilosa primavera.

Después de cinco horas de trayecto en barco desde Atenas, el 14 de abril de 1960 fue la primera vez que Leonard Cohen pisó el puerto de Hydra, una pequeña isla griega del mar Egeo. Tal fue su impresión, que el 27 de septiembre del mismo año, seis días después de su 26 cumpleaños, compró allí una casa por 1.500 dólares gracias a una pequeña herencia de su abuela. Todavía no lo sabía, quizá lo intuía, pero su vida acababa de cambiar para siempre.

HYDRA, LA GRAN MUSA DE LEONARD COHEN

Leonard Cohen llegó a Hydra como un poeta y escritor desconocido. Diez años después abandonó la isla como un músico que acabó marcando a varias generaciones. La pequeña isla griega cuenta con apenas 65 km² de superficie y sus colores son el blanco y el azul. Las playas y las montañas se funden con el cielo visto desde la terraza de alguna de sus muchas tabernas. A día de hoy las mulas todavía son su principal medio de transporte -los vehículos de motor están prohibidos- y ha incubado a cinco primeros ministros griegos. La relación entre mulas y política podría ser objeto de otro artículo.

El destino no había sido totalmente aleatorio. Leo sabía que la isla era el reducto de un grupo de artistas y escritores expatriados que habían decidido vivir como defendían en sus obras. La electricidad solo visitaba las casas unas pocas horas al día y el agua brotaba de pozos naturales. El Sol, la tranquilidad, la comida y la retsina, el milenario y sabroso vino griego, conformaban un ambiente único para crear.

“The sun’s all over my table as I write this…
I can taste the molecules dancing in the mountains”

Algunos de los componentes de la comunidad bohemia de la isla, que se mezclaban con los paisajes bucólicos y los tranquilos lugareños, eran el escritor australiano George Johnston y su mujer Charmail Clift -ambos regalaron a Leonard Cohen varios muebles para su nueva casa. El escritor nourego Axel Jensen y su bella mujer Marianne Ihlen también sucumbirían a los encantos de la isla -y ella a los de Cohen-, así como el entonces joven escritor sueco Göran Tunström entre otros.

Leonard Cohen no hablaba griego, y aunque se esforzaba en seguir las tradiciones locales como la de tener gato a pesar de ser alérgico, el caldo de cultivo bohemio era su hábitat natural de socialización dentro de la isla cuando no estaba absorto escribiendo con su máquina de escribir Olivetti. En la serenidad de Hydra, además de sus primeras composiciones musicales, Leo escribió su libro de poemas Flowers For Hitler (1964) y las novelas The favourite game (1963) y Beautiful losers (1966).

LUGARES PARA ESPERAR LA INSPIRACIÓN (SIN NINGUNA PRISA)

Los hermanos Anthony y Nick Katsikas regentaban una pequeña tienda de comestibles en el puerto de Hydra que también disponía de unas pocas mesas de madera que conformaban un pequeño pero divertido bar. En la tienda de los hermanos Katsikas fue donde Leonard Cohen, entre cajas de cebollas y sacos de semillas, ofreció su primer concierto y conoció a su amada Marianne. En su espacio hoy encontramos el café Roloi.

En la taverna Douskos o Duskos, también conocida como Xeri Elia y que todavía sigue fiel a su propuesta aunque con algunos turistas de más, se vivieron muchas veladas de poesía, música y tertulia entre vinos y velas. Leonard Cohen, que sintió la calidez del abrazo de los árboles de su terraza, dedicó unos versos al lugar.

DUSKO’S POEM
They are still singing down at Dusko’s,
sitting under the ancient pine tree,
in the deep night of fixed and falling stars.

If you go to your window you can hear them.
It is the end of someone’s wedding,
or perhaps a boy is leaving on a boat in the morning.

There is a place for you at the table,
wine for you, and apples from the mainland,
a space in the songs for your voice.

Throw something on,
and whoever it is you must tell
that you are leaving,
tell them, or take them, but hurry:
they have sent for you
the call has come
they will not wait forever.

They are not even waiting now.

El bar de Bill, una colorida taberna regentada por el inglés Bill Cunliff, era el punto de encuentro para muchos artistas y bohemios, griegos y foráneos. En su enclave hoy encontramos el restaurante del Hotel Bratsera.

La terraza del restaurante Veranda y la vieja tienda de comestibles de la calle Lignou, hoy convertida en una panadería con elementos de su decoración inalterados desde los sesenta, también eran algunos de los refugios del artista.

LAS CANCIONES NACIDAS BAJO EL SOL Y LA LUNA DE HYDRA

A pesar de la peregrinación de Leo por las playas y tabernas de la isla griega, su casa era el lugar predilecto para escribir y componer mientras pasaba lentamente el tiempo. El cantante llegó a afirmar que su casa de Hydra había sido la mejor inversión de su vida.

“Para escribir libros, uno tiene que estar en un sitio …/… y tiende a reunir cosas a su alrededor. Se necesita una mujer. Es agradable tener niños cerca porque siempre hay comida. Es bonito tener un hogar limpio y ordenado. Yo tenía esas cosas y entonces decidí ser compositor”.

Una de las canciones que afloraron en Hydra fue Bird on the Wire. Cuando Leo llegó a la isla no había teléfonos ni electricidad regular. Él, que intentaba escapar de la civilización, fue testigo de cómo se instalaron los primeros postes en Hydra. La tristeza le sobrevino hasta que desde la ventana de su dormitorio vio a unos pájaros que se posaron en los cables. En cierta manera, la naturaleza se integró con el cambio. La imagen de él y sus amigos, cantando y subiendo borrachos las incontables escaleras hacia su casa, inspiraron otros versos de la canción. Acabó la composición, que incluiría en su segundo disco, en un motel de Sunset Boulevard en 1969.

BIRD ON THE WIRE
Like a bird on the wire,
like a drunk in a midnight choir
I have tried in my way to be free.

Like a worm on a hook,
like a knight from some old fashioned book
I have saved all my ribbons for thee.

If I, if I have been unkind,
I hope that you can just let it go by.

If I, if I have been untrue
I hope you know it was never to you.

AISLARSE DE TODO PARA ENCONTRARSE A UNO MISMO

Cuando Hydra empezó a modernizarse, con la llegada del turismo y otras lindeces de la modernidad, Leo decidió que había llegado el momento de dejar la isla.

Habían sido diez años en los que conoció el amor, compuso sus primeras canciones y realizó sus primeros conciertos entre amigos. Nunca sabremos si el nuevo Leonard hubiese renacido en cualquier otro lugar, y si lo que propició el cambio de rumbo fueron el bello paisaje y el sencillo estilo de vida de la pequeña isla griega, la soledad y el lento pasar del tiempo para conocerse a uno mismo, o el simple hecho de que al tocar la guitarra vio que las jóvenes se le acercaban.

Posiblemente sea la mezcla de todo. En cualquier caso, siempre mantuvo su casa en la isla, a la que volvía siempre que podía, quizá para recordar aquellos maravillosos años o como ejercicio de introspección. Los lugareños lo recuerdan con cariño y lloran su ausencia, pero siempre nos quedará el legado eterno, en forma de letras y canciones, de un genio que alumbró al mundo y cuya chispa se encendió en una pequeña isla del mar Egeo.

2 comentarios en “La isla de Leonard Cohen

  1. Vaya paraíso terrenal! No conocía esta parte de la vida de Leonard Cohen, y sin duda fue lo que le motivó a ser músico! Viva la inspiración! Aunque me ha faltado alguna canción suya en el documental…

    1. ¡Muchas gracias por tu comentario, María! Lamentablemente no hemos podido incluir la genial música de Leonard Cohen en el documental por temas de derechos de autor. ¡Saludos!

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