La mujer artista en la Historia del Arte – Parte II

¿Qué tiene que hacer una mujer artista para destacar en un mundo masculino? ¿Victimismo? ¿Incluso fallecer a temprana edad? Continuamos reflexionando sobre el papel de la mujer artista en la Historia del Arte y sobre cómo muchas grandes mujeres han sido calladas a lo largo de la historia por sus contemporáneos masculinos.

Tal y como hicimos referencia en La Mujer Artista en la Historia del Arte – Parte I, son muchas las mujeres que, a pesar de ser grandes artistas y de encontrarse durante su trayectoria artística cerca de grandes figuras de esta disciplina e, incluso, encabezando y formando parte de movimientos artísticos muy concretos y destacados, no han sido reconocidas por la Historia del Arte como tal.

En la entrada anterior, hablamos de Dora Maar, junto a Man Ray, pionera del fotomontaje, siendo incluso la primera fotógrafa surrealista de la historia, y de Tamara de Lempicka, una artista que consiguió hacer de su arte algo más que una simple herramienta de vida, llegando en todo momento donde se proponía y ganando, incluso, mucho más dinero que cualquier hombre artista de su momento. Además, citamos nombres desconocidos, a pesar de que poco a poco y por suerte se van adueñando también de la Historia del Arte, como Maruja Mallo, Louise Bourgeois, Eva Hesse, Ana Mendieta, Cindy Sherman, Barbara Kruger o Frida Kahlo, entre otras. Todas ellas, pioneras de los movimientos que las englobaron y, no obstante a ello, silenciadas e, incluso, malinterpretada su obra con argumentos tan poco objetivos como el hecho de relacionar el gran resultado de su trabajo con su vida privada (¿cuántas veces hemos tenido que oír que tal mujer es una gran artista porque sus traumas de niñez se reflejaron en su obra?), excentricidad u odio hacia los hombres, entre muchos otros discursos sin sentido.

En la entrada de hoy, me gustaría hablaros de las tres primeras grandes mujeres artistas que os he citado, tres mujeres que lucharon, batallaron por hacerse un lugar en la Historia del Arte, completamente patriarcal, a pesar de que, sin embargo, su reconocimiento no llegase hasta mucho más tarde o, incluso, no llegase.

Maruja Mallo, la artista que la Historia del Arte no supo clasificar en ningún movimiento

Gran amiga de Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Barradas, María Zambrano, Pepín Bello, Luís Buñuel… Maruja Mallo, sin embargo y a diferencia de sus dos grandes amigos de esa etapa en Madrid, Dalí y Buñuel, murió como una “loca”, incluso infantilizándola y sintiendo cierta pena hacia ella por parte de los historiadores del arte, del momento y actuales, por su excentricidad y manera de hacer o pintarse, muy suyas y peculiares.

Esto me lleva a pensar… si hubiese sido hombre, ¿se la hubiese considerado también un “loco”? ¿O, simplemente, alguien extravagante de ideas muy fijas y seguras? ¿No es verdad que Salvador Dalí, a pesar de su excentricidad, se le acabó considerando un genio? ¿Por qué a una mujer de características similares, por el simple hecho de ser mujer, se la tiende a ver desde una perspectiva completamente distinta y despectiva?

Maruja Mallo
Maruja Mallo, a pesar de ser una de las figuras más destacadas de la vanguardia madrileña y de llevar a cabo un trabajo completamente matemático pero a su vez tan alegre y colorido que tanto interesó a personajes como André Breton o José Ortega y Gasset, pasó a la historia así, como una mujer que, desde fuera y analizada superficialmente, daba la sensación de que no sabía bien lo que hacía.

Sin embargo, tal y como hemos dicho, no siempre fue vista de este modo pues en ella podemos encontrar los grandes temas del surrealismo de los años 20, influencia de sus grandes amigos, Salvador Dalí y Luís Buñuel (en alguna que otra obra de Salvador Dalí podemos encontrar representaciones de esta amistad, como podría ser “Sueños noctámbulos” del 1922) tratados con tal maestría que, incluso, acabaron suponiendo cambios en la poesía de su pareja de aquel momento, Rafael Alberti, como podemos apreciar, por ejemplo, en “Ángeles muertos” (como anécdota, decir que este cambio en la poesía de Alberti fue muy criticado por el escritor Juan Ramón Jiménez).

Pero, sin lugar a dudas, más allá de su gran obra surrealista e incluso tétrica y espeluznante, siempre entorno de esa idea de “objet trouvé” tan propia de los surrealistas, lo que caracterizó más a Maruja Mallo fue el uso de la matemática, en especial de la medida áurea, en cualquiera de sus obras. De esta manera, en sus conocidas “Las Negras” o “Naturalezas vivas”, los estudios matemáticos realizados son realmente minuciosos y fascinantes, así como también consecuencia de una manera de trabajar que hace que su obra sea realmente única. En mi opinión, esta sería su mejor etapa artística.

¿Su problema? De la misma manera que ha ocurrido en más de una ocasión, tanto en la Historia del Arte como en cualquier otro ámbito y disciplina, la etiqueta surrealista le quedó corta, no siendo capaz de englobar el estilo que acabó finalmente gestando y encontrándose completamente aislada en un mundo que no la acababa de entender.

Además, cabe añadir que Maruja Mallo quizá pecó (aunque también se puede considerar un elogio ya que supone que fue siempre fiel a su obra) de algo muy importante, de no saber adaptar su trabajo al paso de los años, al cambio constante que encontramos en el tiempo y, en especial, a un mundo artístico que, sobre todo por influencia del capitalismo y del mercado que lo rodea, cambia constantemente. De esta manera, incluso a finales de su vida, ya en los años 80, seguimos encontrando una manera de hacer propia de los años 20, en obras como serían “Viajeros del éter” o “Moradores del vacío”, en las que representaba criaturas raras y oníricas, de la misma manera que hacía en su etapa surrealista.

Al fin y al cabo, la misma obra que ya hacía antaño, influencia del artista Joaquín Torres-García, con esos artefactos capaces de comunicar nuestro mundo con lo transcendente, aportando un valor mágico a la obra, pero con la diferencia de encontrarse fuera de tiempo, en un ambiente distinto al que quizá hubiese sido más adecuado para ello.

Os invito a mirar el documental dedicado a Maruja Mallo en RTVE, en el cual, no sólo podréis conocer mejor la obra de la artista sino también observar por vosotros mismos esa postura adquirida por los historiadores del arte, infantilizándola y mostrando cierto sentimiento de pena hacia su manera de hacer y excentricidad.

Maruja Mallo. Mitad ángel, mitad marisco (dir. Antón Reixa, 2009). (Última consulta: 15 de septiembre de 2015)

Louise Bourgeois, la mujer que no se atrevió a entrar al mundo del Arte

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Se usó su vida personal, aunque ella misma es verdad que también definió su obra a partir de ésta, para dar credibilidad a sus piezas. ¿Os suena la típica araña que encontramos delante del Museo Guggenheim de Bilbao? Ella misma la definió como su madre, esa mujer protectora e incluso agresiva, que tanto marcó su vida y carrera profesional.

¿Y qué me decís de las constantes formas fálicas que encontramos en muchas de sus esculturas y que siempre se relacionaron con el dominio masculino que sufrió?

Sin embargo, a pesar de estos argumentos tan banales usados para definir su trabajo, Louise Bourgeois era una gran artista. No obstante a ello, se encuentra englobada en ese grupo de mujeres que, a pesar de encontrarse plenamente en el mundo del arte (en su caso, dentro del movimiento expresionista abstracto americano), con un sistema de relaciones influentes ya creado en su entorno y un fuerte capital cultural y social ya en su familia, no fue reconocida hasta mucho después.

Podríamos decir que Louise Bourgeois, a pesar de su sinfín de contactos, no se encontraba aún en relación con los mecanismos de reconocimiento de la época, aún no encontramos galeristas que la reconozcan. Habitualmente, se otorga el discurso de que su obra iba mucho más allá de lo convencional y que, por ese motivo, no fue reconocida como es debido. Sin embargo, la realidad no es tan simple pues, verdaderamente, lo que ocurrió es que no se la incluyó en el movimiento, aún y participar en las grandes exposiciones del momento junto a otros artistas masculinos contemporáneos a ella. Siempre había estado y se la había tenido en consideración en él pero, por ser mujer, nunca se la había reconocido oficialmente.

De todas formas, tal y como anunciábamos en el título de este apartado, Louise Bourgeois fue ella misma también la que no quiso incluirse en este entorno artístico. De hecho, en alguna que otra entrevista que se le realizó, ella misma afirmaba que, sin menospreciar ni destruir su obra, la escondía porque veía que aún no era el momento de entrar en ese mundo masculino que todavía no estaba preparado para aceptarla.

Es por este mismo motivo que no hay que culparla de su comportamiento porque, precisamente porque no llegó a destruir su sinfín de esculturas, porque no llegó a tener un comportamiento pasivo ante el entorno patriarcal en el que se encontraba, las artistas de una generación posterior tendrían ya parte del camino marcado. De esta manera, mientras que Eva Hesse, la siguiente artista de la que me gustaría hablaros, se puede determinar como el gran símbolo del feminismo, Louise Bourgeois podría considerarse la semilla para que Eva Hesse lo fuese.

Eva Hesse, la artista que llegó a ser reconocida a pesar de que nunca lo pudiera llegar a ver

Para finalizar esta entrada, me gustaría hablaros de una artista muy distinta a las antes comentadas pues, en este caso, podemos afirmar que sí consiguió afianzar su carrera artística y ser reconocida en ella. Sin embargo, cabe también decir que su máxima popularidad llegó especialmente tras y a causa de su temprana muerte (murió de un cáncer cerebral), hecho que provocó que todo se acelerase todavía más y que, por lo tanto, encontremos su propia exposición monográfica mucho antes que en los casos anteriores.

Nuestra artista se encasillaría dentro de la institucionalización de la innovación, de la misma manera que también se clasifican en ella el arte povera, la escultura antiforma, el arte conceptual o el land art. Un tipo de arte que nació como reacción a movimientos tales como el minimal o el pop-art y que, especialmente en el caso de Eva Hesse, se caracteriza por la experimentación continua con nuevos materiales para retornar a esa vanguardia más cálida que con los movimientos anteriores, mucho más prácticos y fríos, se había ido perdiendo.

Nos encontramos en los años 60, en una época en la que la mujer ya empieza a tener un lugar en la sociedad y Eva Hesse es un buen ejemplo de ello. Aún así, en su caso se vuelve a recuperar el discurso frívolo de comparar su obra con el hecho de que tuviese un padre controlador, una madre que acabó suicidándose y la experiencia de convivir con la persecución nazi. Una vez más, pues, esa relación de la mujer con lo íntimo para explicar su obra y la importancia que esta tiene en el mundo de la Historia del Arte o en un movimiento concreto, simplificándola respecto al trabajo de sus hombres coetáneos. Sin embargo, no se cuenta, de la misma manera que tampoco se hizo con Louise Bourgeois, cómo sus padres incentivaron su carrera, creándole un interesante capital cultural y social capaz de hacer que por sí misma lograse el éxito. Sólo se usa para justificar su obra una frase que pronunció en la última entrevista que se le realizó, “Arte y vida son la misma cosa”.

Es por este motivo que, tras su muerte, Eva Hesse fuese usada por el movimiento feminista para reivindicar el derecho de la mujer. Eva Hesse y su obra se considerarán mártires de la cultura falocéntrica por parte de estas feministas y es quizá también por ello que su reconocimiento llegase todavía más rápidamente.

Esto nos lleva a decir que el hecho de ser mujer fue importantísimo a la hora de ser reconocida (¿le podríamos llamar machismo positivo?) pero que fueron también su capital cultural y social los que tomaron un papel realmente importante en el proceso. Eva Hesse consiguió ser reconocida también por sus propios medios y, por lo tanto, el hecho de ser mujer sólo lo encontramos evidente, además de en el ya citado uso que dieron las feministas de ella, en la frívola interpretación que se hizo a sus obras. Es por ello que, a diferencia de Louise Bourgeois, podemos afirmar que Eva Hesse sí que consiguió el reconocimiento artístico a partir de su propio trabajo, aunque también hay que tener en cuenta que los tiempos que vivió cada una de ellas fueron muy distintos ya que, mientras que Eva Hesse se pudo permitir llevar una vida de mujer libre, Louise Bourgeois sí tuvo hijos y formó una familia.

Con esta última gran artista, finalizamos este paseo, dividido en dos partes, por el papel de la mujer artista en la Historia del Arte, una manera de dar a conocer algunas de las artistas más destacadas de la Historia del Arte, en algunos casos incluso más que algunos hombres sí estudiados, que, a pesar de su gran trabajo, nunca han sido reconocidas e incluidas en esta disciplina como es debido.

¿Os habéis fijado que aún hay que hablar de artistas mujeres por separado de los hombres artistas que siempre nos muestran cuando estudiamos un movimiento artístico? Aún queda un largo camino por recorrer pero, poco a poco, parece ser que todo va tomando su lugar.

Para más información:
Women in the visual arts: Recopilación de mujeres artistas en toda la Historia del Arte

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